Biografía

Photo: Vivian Rosado

Photo: Vivian Rosado

Al final, uno se dice que la vida se concentró en un punto, en un momento, en un espacio, en un tiempo.
Como la gente que está a punto de morir, y ve pasar su vida como en una película en cámara rápida.
Para mí, ese momento es “Camanchaca”.
Toda mi vida está retratada en esas 9 canciones. Para conocerme, basta simplemente escucharlas.
Pero, por el momento, tengo que decir que nací en Tacna, en 1958. Y hoy sé que ese paisaje lunar, árido, ese mar gélido y salvaje, y esa camanchaca espesa, me acompañarán adonde vaya. Y que, si en algún lugar habría que buscar mi melancolía, es en las piedras, en las lomas, en las cruces y en las capillas de ese desierto infinito.
En 1976, con mis magros 18 años a cuestas, huí de Tacna y de su mundo estrecho, para ir a vivir a Lima.
La Universidad y los estudios de sociología me enseñaron mucho menos que las calles, los cerros y los bares del Agustino.
De allí a pasar al estatuto de guitarrista y productor de Los Mojarras sólo hubo un paso. “Sarita Colonia” me enseño que el rock, y el arte en general, no necesitan más que la urgencia de decir lo que uno quiere decir. Y, en medio de la gestación de este disco, conocí a la mujer de mi vida, y decidí partir con ella a Francia. Y, de paso, tuve la suerte de escapar al descenso al infierno de la “popularidad” de Los Mojarras.
Pero sigo escuchando ese disco, con orgullo y maravillamiento. Es la prueba de que de las piedras pueden brotar rosas.
Vivir en el extranjero es un desgarramiento. Tu tierra te hace falta, como te hace falta ver a tu madre, vives con el oxígeno limitado y te la pasas añorando el momento en que vas a volver a verla.
Mientras tanto, un vals te arranca lágrimas, y cuando suena un festejo te pones a bailar, aunque estés en un velorio.

Y, para sobrevivir, te construyes tu país imaginario, el país de tus sueños (que no corresponde necesariamente al país real).
“Camanchaca” es mi Perú interno, el Perú de mis sueños. Lo construí para mí, para no morir de nostalgia. Y lo alucinante es que, poco a poco, voy descubriendo que es también el país de mucha gente. En primer lugar, de los músicos que vienen a visitarme y aceptan participar en el proyecto, con entusiasmo, profesionalismo y mucho cariño. Y de los viejos amigos del Perú que me vienen a acompañar, me toman de la mano, y me piden hacer el camino juntos. Y de la gente que escucha las maquetas y me dice con insistencia: “sigue adelante, maestro, sigue”.

Un proyecto íntimo, personal, poco a poco se está convirtiendo en el proyecto de mucha gente. Alucinante, como experiencia.
“Vestida de negro” fue el primer resultado de esta experiencia. Hace dos años dejé París, donde había vivido 20 años, para ir a vivir a Nantes. Y sentía que, en esta etapa de mi vida, necesitaba hacer un balance. Apenas pude instalarme y acomodar un pequeño estudio, nació este tema. Y detrás de él vinieron muchos más.

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